EL BOLLERO

Francisco López Sarria (mi padre), cuando contaba con ocho años, en plena posguerra, ayudaba al sustento de su casa vendiendo bollos de canela por las calles. Iba pregonando los ricos bollos de canela que vendía con la gracia propia de un niño de su edad, por lo que se hizo muy popular.

Ramón López Rodríguez.