LA CANDELARIA, UNA TRADICIÓN MUY CABRILEÑA

Fotos: Paco Fernández

El pasado día 2 de Febrero, festividad de la Candelaria, se celebró la tradicional misa en la que se bendicen los roscos que, a modo de ofrenda llevan los niños cabrileños. Esta tradición de enorme significado tiene su origen en los inicios del cristianismo y se distingue en Cabra por la peculiaridad de la bendición de los roscos. Los niños portan cestas de mimbre adornadas con romero y flores de almendro, en las que se albergan los tradicionales roscos de Candelaria. Estos roscos son cocidos al horno y realizados con harina, huevo, azúcar y aceite tostado. Concluida la celebración, los asistentes alzan los dulces para que el sacerdote pase entre la fila de bancos bendiciéndolos

Tanto el nombre de Candelaria como el de Purificación tienen su origen en la fiesta que celebra la Iglesia (antaño con gran solemnidad) el cuadragésimo día del Nacimiento de Jesús (2 de febrero) como cierre del período navideño. Con la purificación de la madre y la presentación del hijo en el templo, quedaba cerrado en la ley judaica el ritual que acompañaba el nacimiento de un niño.

Del verbo latino candere, que significa brillar por su blancura, estar blanco o brillante por el calor (compárese con "incandescencia"), arder, abrasar, se forma en español la palabra candela; y del griego pur (pyr), que significa fuego (compárese con "pira"), procede la palabra latina purus /pura, que contiene también la idea de seleccionar, de elegir. Ambos nombres, pues, encierran la sugestiva idea de fuego.

La fiesta de la Candelaria se llama así porque en ella se bendicen las candelas que se van a necesitar durante todo el año, a fin de que nunca falte en las casas la luz tanto física como espiritual. Los fieles acuden a la misa de este día con las velas, que son bendecidas solemnemente por el sacerdote y a continuación se hace una corta procesión entre dos iglesias cercanas o por el interior de la misma iglesia, con las velas encendidas, cantando el Nunc dimittis servum tuum ("ahora puedo morir en paz, porque mis ojos han visto al Redentor..." el himno que entonó el anciano Simeón, sacerdote, cuando María le presentó a Jesús en el templo. Esta fiesta tenía gran significación cuando la única luz en las casas era la de las velas y candiles.

Esta tradición se mantiene arraigada en Cabra del Santo Cristo desde tiempo inmemorial mientras que en otras localidades se ha recuperado recientemente, como es el caso de Almonte donde hace algunos años que se presenta a los más pequeños ante su patrona, la virgen del Rocío.

Niños cabrileños portando las cestas de roscos. Una foto que se repite generación, tras generación