Cierre de un colegio


Foto: AGUSTÍN MUÑOZ

 

Cabra del Santo Cristo ya sólo tiene un colegio. El centro concertado “Cristo Crucificado” cierra sus puertas después de que la Consejería de Educación no haya renovado el convenio que mantenía abierto desde hace treinta años. La renovación, que se tenía que producir este año, no se ha confirmado, por lo que los alumnos de la institución docente se encuentran ahora en el colegio público “Arturo del Moral”.
“El colegio está a cero. Tiene sus puertas cerradas y la directora se encuentra de viaje. Oficialmente, si se puede decir así aunque no se haya recibido ninguna comunicación ni explicación del porqué, está cerrado”, apunta la presidenta de la Asociación de Madres y Padres del que fuera centro concertado en Cabra del Santo Cristo, Carmen Fernández. Mientras, el colegio público “está masificado”.


“Indignación”
Carmen Fernández expone el principal motivo de la “indignación” de los padres. “La propia Ley no permite una ratio de más de quince niños por clase en Infantil de cuatro años. Ahora mismo, en el colegio público están hasta 27 niños por aula”. Por eso, la que fuera presidenta de la asociación de padres matiza: “Educación sabía que el ‘Arturo del Moral’ no reunía las condiciones para albergar a otros ciento veinte alumnos. Conocía su infraestructura y tenía constancia de que Cabra del Santo Cristo disponía de dos centros en los cuales los niños estaban cómodamente instalados, con todas las atenciones educativas necesarias”.
A juicio de Carmen Fernández, el cierre del colegio ha sido una decisión “política” y adoptada por la Junta “sin ningún sentido ni rigor educativo”. Ahora, pese a la nueva situación creada, los padres de alumnos del “Cristo Crucificado” mantienen su queja: “la Consejería se ha cargado la Educación en el pueblo. Sentimos impotencia al ver dónde estaban nuestros hijos y dónde se encuentran en estos momentos, en un colegio sin una infraestructura suficiente”. Y asegura: “hemos matriculado a nuestros hijos por propia voluntad, ya que la Delegación no nos ha obligado, ni tan siquiera nos lo ha insinuado con algún escrito”. 

                                                         Juan A. Siles Barranco

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