Un año más “la fiesta catorce” congregó al pueblo en torno al Cristo de Burgos
Han pasado 371 años desde aquel 14 de septiembre de 1637, cuando se firmó la escritura por la que Jerónimo de Sanvítores cedía el lienzo del Cristo de Burgos a la villa de Cabra “por siempre jamás” y desde entonces, cada año, los cabrileños acuden puntuales a esta cita histórica.
Comenzaron los actos por la mañana con la celebración de una misa en el nicho de la legua a la que asistieron un buen número de devotos, muchos de los cuales habían hecho el camino a pie. D. Juan Cózar fue el sacerdote que celebró la eucaristía, pues D. Antonio Ramírez se encontraba en la capital burgalesa con la representación cabrileña que cada año se desplaza hasta la hermana ciudad castellana. A la finalización, como viene siendo habitual, la hermandad de la Esclavitud ofreció un refrigerio a los allí congregados. El buen tiempo reinante también contribuyó a la importante asistencia de fieles. Puntual, a las 20:30 horas se inició la procesión que congregó a todo el pueblo y que discurrió por el itinerario habitual. Lejos quedaron los bulliciosos días de las fiestas patronales cuando en el ecuador del verano centenares de cabrileños se desplazan desde toda la geografía nacional hasta su localidad natal, ahora, en una fiesta mucho más íntima, son aquéllos que habitan aquí los verdaderos protagonistas, junto a tantos jubilados que esperan a que pase esta fecha tan señera para poner el punto y final a sus vacaciones estivales.
Pasó así, un año más, una de las fechas señaladas de nuestro calendario. No será hasta que el invierno se manifieste con mayor crudeza en estas latitudes cuando volvamos a rememorar otra de nuestras fechas importantes, la de aquel 20 de enero de 1637, cuando llegó a la posada de María Rienda aquel arriero que trajo el lienzo del Cristo de Burgos. Fecha que cambiaría el tranquilo devenir de aquella pequeña localidad, convirtiéndose en otro de los principales hitos históricos acontecidos en esta villa.